lunes, 9 de septiembre de 2013

Botella







Entonces estaba caminando en la playa, alguien, quien por contener demasiadas cosas en el corazón, los escribía una y otra vez en unos papelitos, y los guardaba en una botella, para luego tirarlas al mar, a ver si así las olas podían llevarse el dolor que consumía su corazón.
He aquí unas muestras de sus escritos:


Una sombra iluminada por una lámpara en una acera, caminando solo en una playa desierta, pregunto al sol y también a la luna, si algún día alguien saldrá en la encrucijada.
Entonces la sombra se movía, entonces la sombra de mi sombra, entonces los astros no decían nada, a lo lejos el silencio retumbaba.
Los latidos del silencio ensordecedor, el viento cortante de la penumbra, esperando que la luz se consumiera, en un hoyo negro, y la espada del caballero, o el cabello de Rapunzel, para asirme algún día.


La soledad que sufría chorreaba por la tinta, como tantos en este sitio cruel llamada ciudad, que tanto se ha llamado congregación de humanos, lo menos que tiene es humanidad, en donde las personas se encierran en unos cajones llamados apartamentos, cada abeja en su panal, nadie quiere meterse en el asunto de otros, y si alguien lo intenta, seguro vendrá otros a apagar su pasión.
He aquí una víctima de este cataclismo individual.
Se dice que pasaba por allí un día, alguien, no siendo cualquiera, pero tampoco el mismo ser, como enviado de Dios se encontró con una de esas botellas, y curioseando las empezó a leer, y cuál fue la sorpresa que se llevo, una corriente paso por su medula espinal como si un interruptor se cerrara, sonó un relámpago en su corazón y dijo para sí con una explosión sentimental en su interior, te entiendo…
Comenzó a encontrar más botellas en su camino, a las cuales respondió una por una, todas las que encontró, metió lo que escribió en las mismas botellas, pero las dejo cerca de la playa, pensando que quien sea que haya escrito, que las encuentre cerca, y bien dicho estaba.
Pasaba entonces alguien, como tantos días antes, a escribir otra nota, cuando vio que una de sus botellas vagaba cerca de la playa, la alcanzo con molestia, quería que fuera lejos, entonces abrió la botella para ver que había escrito ese día, cuál era su sorpresa que lo que encontró no era su letra.



Después de la eterna negrura, hay una estrella, del norte la llaman, guía de la fatiga, iban en línea recta, pero no encontraban con quien hablar, pero un día un papel trajo una esperanza, brillando encima una tinta vieja, pero aun conservaba su olor, de alguien más, alguien que me iba a sacar de la penumbra.
Entonces, ya no serás una persona, somos dos astros solitarios esperando ser un par, buscándonos, desde el principio, buscándonos, hasta el final.



Por fin alguien que entendía, aunque sea mediante una botella, escribió una carta de vuelta, pero esta vez los puso en la playa.
Al otro día se levanto temprano, y corrió hacia la playa, pero se escondió enseguida, porque alguien estaba con la botella.
No pudo verle la cara, pues el día estaba oscuro, pero leyó que la nota decía:
Y si nos vemos otro día?...
Después de pensarlo muy bien, decidió que iba a encontrarse con esa persona.
Se juntaron en un restaurante poco conocido al lado de la playa, descubrió que esa persona siempre ha estado muy cerca.
Mediante esta historia, envió mis mejores deseos para las personas que están esperando a alguien en su vida, que un día capaz, cuando se volteen, puedan ver que esa persona nunca ha estado lejos.

Alguien

4 comentarios:

  1. ¡Que bonito! Me hizo ver las cosas de una forma mas optimista. Saludos.

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  2. me encanto, es de las cosas que me gusta leer y me ilusionan!.. espero mi medio melon este cerca... chocolates te dejo!

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  3. Hermosa y original historia. Te felicito, pues tienes facilidad para la narrativa. Te invito cordialmente a visitar mi blog, cuyo link es: http://elsenderodemisversos.blogspot.com Serás bienvenida. Un saludo fraterno. Ingrid

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